Eran
las 3 de la mañana y Sara se había ido a duchar. Una brisa fresca
pasaba como una caricia sobre su cuerpo mojado, que acababa de salir
de la ducha. De repente, una figura apareció en el espejo, mientras
ella se peinaba. Aterrada, Sara miró inmediatamente hacia atrás.
Sólo el azulejo blanco y zócalos floreados, nada que no fuera a
encontrar en su baño. Se puso un camisón y cuando se disponía a
bajar, regresó al espejo, algo no andaba bien. Se miró. No encontró
nada extraño, pero al irse, notó que su reflejo seguía ahí,
inmóvil, atrapado en el cristal. Emitió un grito de terror y bajó
corriendo las escaleras. Sonó el teléfono y ella se apresuró a
contestar. Levantó el tubo y nadie respondió. Sonó devuelta, el
identificador de llamadas indicaba su número de celular. ¿Se lo
habían robado? Con el inalámbrico en la mano, palpó los bolsillos
de su tapado hasta que encontró su teléfono. Casi sin aliento,
atendió. ‘‘Ho…hola’’_dijo ella titubeante, y escuchó un
eco. ‘‘Disculpe, no le escucho’’. Sara se quedó callada un
instante. ‘‘¿Quién es?’’_preguntó, esta vez sin eco.
‘‘Sabes bien quién soy; me conoces, pero nunca me escuchaste
hablar-dijo quien llamaba, con la voz de ella-Soy Sara. ’’
Inmediatamente soltó el teléfono y subió a su habitación para
vestirse e ir a ver a su amiga. En la oscuridad del cuarto, se sentó
en la cama para ponerse los zapatos cuando de repente se encendió la
luz. De repente vio a un hombre recostado en la cama: era su amante.
Sara pegó un grito: ‘‘¡¿Cómo llegaste aquí?! Mira que Alex
puede llegar pronto. ’’ ‘‘No te hagas drama, preciosa, todo
va a salir bien. Sólo necesito tu cooperación y esto va terminar
cuanto antes’’_dijo él. ‘‘¿Qué quieres? ¿Qué tengo que
hacer?’’_le preguntó ella. ‘‘Dame dinero’’_inquirió él.
‘‘Lo que quieras, dime cuánto y te lo doy’’_ dijo Sara, y
empezó a buscar su chequera. ‘‘No, linda, eso no tiene fondos.
Tanto luchaste, tanto mataste, y ahora estás en la ruina. ¿Crees
que no sé lo que les hiciste a tus otros maridos? Mírate, vendiendo
tu cuerpo a mil hombres que tras exprimirles todo su dinero, acabas
con ellos, de los cuales sólo te queda un anillo empeñado. ¡Y
hasta a mí, que siempre te ayudé, me engañaste! ¡Ahora me vas a
dar lo que me debes!’’_dijo él, y bajó las escaleras. Ella se
apresuró, y cerró la puerta tras él. Cuando lo hizo, salió de
detrás de la puerta su esposo, quien le dijo: ‘‘Sara, ¡qué
torpe eres! Apostaste unas fichas y las perdiste todas. Se acabó tu
suerte. ¡Me vas a pagar lo que me debes!’’, y bajó también las
escaleras. Sonó el celular. La llamada venía del teléfono fijo.
Sara contestó. ‘‘¿Qué me has hecho Sara?’’_dijo quien
llamaba, con la voz de ella. ‘‘¿Quién eres? ¿Por qué me
llamas?’’_preguntó Sara. ‘‘Soy Sara, y es contigo misma con
quien estás hablando-le respondió-Sígueme, vamos al baño.’’
Sara se dirigió al baño temerosa. El reflejo seguía allí. De
repente, la Sara del espejo comenzó a hablarle. ‘‘Es tu último
día, Sara, debes arreglar tu vida. Tienes que dejarme salir… ¡Ya
no hay vuelta atrás, déjame salir!’’_le ordenó la imagen del
espejo; y, tomando la mano de Sara, salió del cristal. ‘‘Ven,
tengo que mostrarte algo-dijo a Sara, bajando las escaleras.-Mira el
reloj, ¿qué hora es?’’. El reloj marcaba las 2.30hs. ‘‘¡No
puede ser-dijo Sara-eran las 3.30hs cuando salí del baño! Debe
estar mal.’’_agregó, y miró el reloj del celular: 2.30hs. ‘‘No
te esfuerces, este es el horario, sólo que el tiempo corre al revés.
No pierdas el tiempo, porque en un día habrás muerto-le dijo la
otra Sara-. Cuando la aguja vuelva a marcar las 3.30hs, serás sólo
un recuerdo’’_agregó, y la llevó a la cocina. En el suelo,
estaba Sara tirada, muerta. ‘‘Esto pasará ayer a las 3.30hs, es
decir, dentro de 23 horas’’_le dijo a Sara. ‘‘¿Qué debo
hacer para que esto no suceda?’’_le preguntó. ‘‘Tienes que
volver todo atrás, arreglar todo el daño, saldar tus deudas’’_le
dijo la otra Sara. De pronto, empezaron a aparecer sus ex esposos que
estaban muertos, y empezaron a acusarla y a pedirle que les pagara lo
que les debía. Después de unas intensas 23 horas sin poder dormir,
con tires y aflojes con los distintos personajes que se disputaban
por la plata que ella les había robado, sintió el sonido de unas
llaves que abrían la puerta. Era su esposo, el verdadero, que
llegaba de una junta de negocios. Sara corrió a sus brazos, pero él
no la vio, y abrazó a la otra Sara. Por más que ella lo llamaba a
gritos, él no podía escucharla. Sara emitió un gemido con el
último aliento: ‘‘¿¡Por qué!?’’ ‘‘¿Sientes un dolor
en el pecho?-preguntó a Sara-Soy tu conciencia’’.
Inmediatamente, Sara cayó de rodillas y murió.
Se
hicieron las 7.30hs de la mañana y el despertador sonó. Sara se
despertó como todos los días. Se preguntaba si sólo había sido un
sueño, pero cuando bajó al living, el reloj se había detenido a
las 3.30hs; pero no era el día siguiente, sino el mismo día, que
volvía a amanecer. Agarró el veneno que esa noche daría a su
esposo, y entonces supo qué hacer. Su conciencia ya no la
atormentaría.
Una obra de "La Muñe"®
Es un cuento intrigante,tu impronta parece ser los acertijos o los laverintos de escenas y personajes,pero todo sin perder el hilo del drama ¡Felicitaciones Marina!
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