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martes, 6 de diciembre de 2011

Cuestión de conciencia

Este cuento ganó el 1er premio del concurso literario del colegio, en 2009.

   Eran las 3 de la mañana y Sara se había ido a duchar. Una brisa fresca pasaba como una caricia sobre su cuerpo mojado, que acababa de salir de la ducha. De repente, una figura apareció en el espejo, mientras ella se peinaba. Aterrada, Sara miró inmediatamente hacia atrás. Sólo el azulejo blanco y zócalos floreados, nada que no fuera a encontrar en su baño. Se puso un camisón y cuando se disponía a bajar, regresó al espejo, algo no andaba bien. Se miró. No encontró nada extraño, pero al irse, notó que su reflejo seguía ahí, inmóvil, atrapado en el cristal. Emitió un grito de terror y bajó corriendo las escaleras. Sonó el teléfono y ella se apresuró a contestar. Levantó el tubo y nadie respondió. Sonó devuelta, el identificador de llamadas indicaba su número de celular. ¿Se lo habían robado? Con el inalámbrico en la mano, palpó los bolsillos de su tapado hasta que encontró su teléfono. Casi sin aliento, atendió. ‘‘Ho…hola’’_dijo ella titubeante, y escuchó un eco. ‘‘Disculpe, no le escucho’’. Sara se quedó callada un instante. ‘‘¿Quién es?’’_preguntó, esta vez sin eco. ‘‘Sabes bien quién soy; me conoces, pero nunca me escuchaste hablar-dijo quien llamaba, con la voz de ella-Soy Sara. ’’ Inmediatamente soltó el teléfono y subió a su habitación para vestirse e ir a ver a su amiga. En la oscuridad del cuarto, se sentó en la cama para ponerse los zapatos cuando de repente se encendió la luz. De repente vio a un hombre recostado en la cama: era su amante. Sara pegó un grito: ‘‘¡¿Cómo llegaste aquí?! Mira que Alex puede llegar pronto. ’’ ‘‘No te hagas drama, preciosa, todo va a salir bien. Sólo necesito tu cooperación y esto va terminar cuanto antes’’_dijo él. ‘‘¿Qué quieres? ¿Qué tengo que hacer?’’_le preguntó ella. ‘‘Dame dinero’’_inquirió él. ‘‘Lo que quieras, dime cuánto y te lo doy’’_ dijo Sara, y empezó a buscar su chequera. ‘‘No, linda, eso no tiene fondos. Tanto luchaste, tanto mataste, y ahora estás en la ruina. ¿Crees que no sé lo que les hiciste a tus otros maridos? Mírate, vendiendo tu cuerpo a mil hombres que tras exprimirles todo su dinero, acabas con ellos, de los cuales sólo te queda un anillo empeñado. ¡Y hasta a mí, que siempre te ayudé, me engañaste! ¡Ahora me vas a dar lo que me debes!’’_dijo él, y bajó las escaleras. Ella se apresuró, y cerró la puerta tras él. Cuando lo hizo, salió de detrás de la puerta su esposo, quien le dijo: ‘‘Sara, ¡qué torpe eres! Apostaste unas fichas y las perdiste todas. Se acabó tu suerte. ¡Me vas a pagar lo que me debes!’’, y bajó también las escaleras. Sonó el celular. La llamada venía del teléfono fijo. Sara contestó. ‘‘¿Qué me has hecho Sara?’’_dijo quien llamaba, con la voz de ella. ‘‘¿Quién eres? ¿Por qué me llamas?’’_preguntó Sara. ‘‘Soy Sara, y es contigo misma con quien estás hablando-le respondió-Sígueme, vamos al baño.’’ Sara se dirigió al baño temerosa. El reflejo seguía allí. De repente, la Sara del espejo comenzó a hablarle. ‘‘Es tu último día, Sara, debes arreglar tu vida. Tienes que dejarme salir… ¡Ya no hay vuelta atrás, déjame salir!’’_le ordenó la imagen del espejo; y, tomando la mano de Sara, salió del cristal. ‘‘Ven, tengo que mostrarte algo-dijo a Sara, bajando las escaleras.-Mira el reloj, ¿qué hora es?’’. El reloj marcaba las 2.30hs. ‘‘¡No puede ser-dijo Sara-eran las 3.30hs cuando salí del baño! Debe estar mal.’’_agregó, y miró el reloj del celular: 2.30hs. ‘‘No te esfuerces, este es el horario, sólo que el tiempo corre al revés. No pierdas el tiempo, porque en un día habrás muerto-le dijo la otra Sara-. Cuando la aguja vuelva a marcar las 3.30hs, serás sólo un recuerdo’’_agregó, y la llevó a la cocina. En el suelo, estaba Sara tirada, muerta. ‘‘Esto pasará ayer a las 3.30hs, es decir, dentro de 23 horas’’_le dijo a Sara. ‘‘¿Qué debo hacer para que esto no suceda?’’_le preguntó. ‘‘Tienes que volver todo atrás, arreglar todo el daño, saldar tus deudas’’_le dijo la otra Sara. De pronto, empezaron a aparecer sus ex esposos que estaban muertos, y empezaron a acusarla y a pedirle que les pagara lo que les debía. Después de unas intensas 23 horas sin poder dormir, con tires y aflojes con los distintos personajes que se disputaban por la plata que ella les había robado, sintió el sonido de unas llaves que abrían la puerta. Era su esposo, el verdadero, que llegaba de una junta de negocios. Sara corrió a sus brazos, pero él no la vio, y abrazó a la otra Sara. Por más que ella lo llamaba a gritos, él no podía escucharla. Sara emitió un gemido con el último aliento: ‘‘¿¡Por qué!?’’ ‘‘¿Sientes un dolor en el pecho?-preguntó a Sara-Soy tu conciencia’’. Inmediatamente, Sara cayó de rodillas y murió.
   Se hicieron las 7.30hs de la mañana y el despertador sonó. Sara se despertó como todos los días. Se preguntaba si sólo había sido un sueño, pero cuando bajó al living, el reloj se había detenido a las 3.30hs; pero no era el día siguiente, sino el mismo día, que volvía a amanecer. Agarró el veneno que esa noche daría a su esposo, y entonces supo qué hacer. Su conciencia ya no la atormentaría.

Una obra de "La Muñe"®

1 comentario:

  1. Es un cuento intrigante,tu impronta parece ser los acertijos o los laverintos de escenas y personajes,pero todo sin perder el hilo del drama ¡Felicitaciones Marina!

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