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jueves, 17 de noviembre de 2011

El armario

Este cuento ganó el 1er premio del concurso literario del colegio, en 2008.


 Era ya pasada la media noche y seguía sin poder conciliar el sueño. Se escuchaban voces tras la puerta y murmullos provenientes de las habitaciones contiguas. Creía ver sombras y gente entre las tinieblas de la noche, pero lo que más lo aterraba era el armario; detrás de él una agarradera se extendía e iba tapizando toda la pared de verde.
Pese a ver formas y sonidos monstruosos, su mente se fijaba en ese armario de roble fino, un mueble antiguo que despertaba su curiosidad y, al mismo tiempo, lo horrorizaba. No sabía bien por qué era, pero ese pedazo de madera tenía un aspecto sombrío y lúgubre y dotaba a la habitación de un irracional sentido de miedo y de un misterio tal que nadie que entrase podría eludir desviar su mirada hacia esta obra de arte antigua.
La tensión aumentó cuando la pequeña porción de empapelado floreado que quedaba a la vista- por motivo de la agarradera- comenzó a cobrar vida y a adoptar formas siniestras. Pronto el suelo también empezó a moverse: las maderas se tambaleaban y la alfombra se veía como si algo se estuviera moviendo debajo. Aparecieron ratas y cucarachas por docenas, como si de una estampida se tratara. Empezaron a acecharlo. De un salto se subió a la cama y vio con desesperación cómo se abrían las ventanas a su izquierda y daban paso a una multitud de murciélagos alborotados.
En medio del pánico y el terror se oyó el sonido de dos balazos en la calle. Después de esto se creó un silencio sofocante que fue interrumpido por el ruido de unos pasos que recorrían el pasillo y se acercaban sigilosamente hacia el lugar.
El ambiente era cada vez más denso y escalofriante. Las sábanas que había echado al suelo en su insomnio procedían a sacudirse y la cama el la que estaba oscilaba hacia los costados alternando diagonalmente las patas en que se apoyaba.
Sintió una voz detrás de la puerta hacerse cada vez más fuerte, pero por alguna razón desconocía el lenguaje en que esta conversaba. Por un rato esta voz desistió en sus intentos de comunicarse con él y esto le produjo cierto alivio además de dudas y sospechas. Volvió a concentrarse en lo espantoso y desagradable de la situación. Nuevamente escuchó acercarse a alguien, mas esta vez eran varias las voces que pretendían que les respondiera. Empezó a preocuparse cuando estas voces insistieron en que les abriera la puerta. Repentinamente, un silencio invadió su aposento. La perturbadora y diabólica paz se escabulló al iniciar las tareas para abrir la puerta. Poco a poco se van esclareciendo las voces y su dialecto se hace descifrable. Abren la puerta. Intenta pedir ayuda, intenta explicar lo que estaba ocurriendo, pero la prueba se desvaneció en el aire. Creen que alucina. Lo llevan a un internado. El armario está allí, en la metamórfica sala del hospital. Unas sombras procuran atacarlo. Se aproximan hacia él. Desde la pieza se oye un grito. Entra la enfermera. Todo se desvanece. El hombre ya no está…

                 Una obra de "La Muñe"®

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